Lunes, 31 de Octubre de 2011 18:04

Autoconfianza

por  D'Cuco
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Estamos viviendo una época de cambios en todos los planos. Esto ha obligado a mucha gente a ajustarse a nuevos estilos de vida. Ha tenido que adquirir nuevas habilidades para conservar sus empleos. Ha recurrido a la imaginación para hacer más con menos. Esto sin duda, ejerce mucha presión, y para hacerle frente, todos necesitamos una buena dosis de autoconfianza. Pero, ¿cómo obtenerla? Desgraciadamente no es tan sencillo. De lo que sí podemos estar seguros es que se trata de un activo muy valioso, que todos podemos tener y que hay muchos caminos para lograrlo.

La palabra confianza viene del latín confidere, que quiere decir: creer. Santo Tomás decía: “Ver para creer”, pero ahora podemos decir que es al revés, que tenemos que creer para ver. La psicóloga Philippa Davies en su libro Total Confidence nos sugiere.

Creer en nosotros mismos.Eso es lo primero; para ello, podemos tener nuestra “reserva de logros”, de los cuales nos sintamos orgullosos en nuestro pasado, y examinarla cuando andamos con la autoestima baja. Visualicemos lo que queremos lograr y venzamos esta tendencia natural a predisponernos al fracaso. Hay que eliminar esa vocesita interior que nos dice: “Está muy difícil, no vas a poder, eres malísimo para eso”, etcétera.

Cuando la mente no cree o duda, atrae todas las razones para sustentar el fracaso. ¿Sabe cuál es la definición de mediocre?: aquél que “medio cree” en sí mismo. En el momento en que yo cambio mis creencias, el mundo cambia inmediatamente. Esta tendencia natural la describe Sor Juana en uno de sus sonetos: “Si es mío mi entendimiento, por qué siempre he de encontrarlo tan torpe para el halago y tan duro para el daño”

Cada vez que se descubra a sí mismo pensando en algo negativo sobre su persona, piense en frases como: “Hoy no salieron las cosas como quería, pero aprendí”, “Esto me está costando un poco de trabajo, pero lo voy a lograr”. Lo que decimos y pensamos son órdenes para nuestro cerebro.

Disciplina.En la medida en que uno se disciplina en las pequeñas cosas que le cuestan trabajo, se respeta más. En esa misma proporción crece la autoconfianza. La disciplina da seguridad, nos hace sentir que tenemos control de nosotros mismos.

Asumir actitudes que anhelamos.Cuando nos preguntan: ¿Cómo estás? Y usted no anda muy bien, lo mejor que puede contestar es: “De maravilla, ¿y tú?” El solo hecho de decir esto nos va a hacer sentir de maravilla. Jamás, jamás conteste como esas personas que pertenecen al “club de la lágrima perpetua” que se la pasan de queja en queja. A ellas aplíqueles la ley de la glorieta: deles la vuelta. Porque una actitud negativa es muy contagiosa. Cuando se sienta nervioso, actúe como si se sintiera tranquilo. El comportamiento cambia el pensamiento.

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